Carta del Chief Seattle, 1854.

Escuchadla con atención. La música es la banda sonora (soundtrack) de la película “El último mohicano”.

 

En este vídeo en lugar de buscar la combinación del texto con la música busco la atención, la locución pertenece a un gran actor de doblaje con una dicción casi perfecta. Escuchad con atención y pensar como en 144 años no hemos aprendido nada. Un salvaje nos enseñó hace esa cantidad de años como debemos actuar con nuestro entorno. Nosotros los civilizados ahora comprendemos sus palabras.

 

 

La voz en off es la de Constantino Romero.

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Devoradores de cadáveres.

Os dejo el libro   Los devoradores de cadáveres en pdf.

Primer ejemplo escrito rito de vasallaje. 757 d.C

Primer ejemplo escrito conocido sobre el rito del vasallaje. 757 d C

El rey Pipino celebró asamblea en Compiègne con los Francos. Y hasta allí se llegó Tasilón, duque de Baviera, quien se encomendó en vasallaje mediante las manos. Prestó múltiples e innumerables juramentos, colocando sus manos sobre las reliquias de los santos. Y prometió fidelidad al rey Pipino y a sus hijos, los señores Carlos y Carlomán, tal como debe hacerlo un vasallo, con espíritu leal y devoción firme, como debe ser un vasallo para con sus señores.

Annales regni Francorum, ed. Kurze, 1985. Recoge: R. Boutrouche, Señorío y feudalismo. I. Los vínculos de dependencia, Madrid, 1980, p. 284.

Ataques vikingos

En el texto utilizan el nombre de normandos, aclarar que los normandos son los vikingos (habitantes de escandinavia) que en el siglo IX se instalan al norte de Francia, Normandía.

Ataques vikingos en Francia (año 857), según los monjes de Noirmoutier

Los frecuentes e infortunados ataques de los normandos (…) no disminuían en absoluto, y el abad Hilbodus había construido en la isla un castillo que les protegiera contra ese pueblo infiel. Junto con sus hermanos, acudió ante el rey Pipino y preguntó a su alteza que proyectaba hacer sobre este problema. Entonces el glorioso rey y los grandes hombres del reino -se celebraba entonces asamblea general del reino- deliberaron sobre el problema con graciosa preocupación y se hallaron incapaces de ayudar organizando un asalto vigoroso. A causa de las extraordinariamente peligrosas mareas, la isla no era siempre fácilmente accesible para nuestras fuerzas, pero todos sabían que a los normandos les resultaba fácilmente accesible siempre que el mar estuviera tranquilo. El rey y los grandes hombres optaron por la decisión que juzgaron más ventajosa. Con el acuerdo del serenísimo rey Pipino, casi todos los obispos de la provincia de Aquitania y los abades, condes y otros hombres fieles que estaban presentes y otros muchos más que se habían enterado de la situación, aconsejaron unánimemente que el cuerpo del bienaventurado Filiberto fuera sacado de la isla y no permaneciera más en ella (…)

El número de naves aumenta; la muchedumbre innumerable de los normandos sigue creciendo; los cristianos son en todas partes víctimas de sus ataques, pillaje, devastaciones e incendios, cuyas huellas manifiestas perdurarán mientras dure el mundo. Toman todas las ciudades por las que cruzan sin que nadie les ofrezca resistencia: toman las de Burdeos, Périgueux, Limoges, Angulema y Tolosa, Angers, Tours y Orleans son arrasadas. Se llevan las cenizas de muchos santos: casi se cumple así la amenaza que profirió el Señor por boca del Profeta: «Desde el Norte se desencadenará el mal sobre todos los habitantes de la tierra» [Jer, 1, 14]. También nosotros huimos a un lugar llamado Cunault, en el territorio de Anjou, en la orilla del Loire, que Carlos, el glorioso rey antes nombrado, nos había dado como refugio, a causa del inminente peligro, antes de que fuera tomado Angers.

Los normandos atacaron también España, bajaron por el Ródano y devastaron Italia. Mientras se libraban por todas partes tantas guerras civiles y exteriores, transcurrió el año de la Encarnación de Cristo de 857. Pero nos quedaba alguna esperanza de regresar a nuestra patria, esperanza que resultó ser ilusoria, y mientras las peripecias de nuestra huida hicieron que nos hospedáramos en lugares diversos, el cuerpo de San Filiberto se había quedado en su lugar, como hemos dichos, porque a causa de los males que nos abrumaban en todas partes no habíamos podido encontrar la garantía de un asilo seguro (…)

ERMENTAIRE, Miracles de Saint Philibert, Ed. París, 1905, pp. 60-63. R. LATOUCHE, Textes d’Histoire Médiévale (V-XI siècle), París, 1951, pp. 130-134. Recoge: M. A. Ladero, Historia Universal de la Edad Media, Barcelona, 1987, pp. 302-303.

Además os he dejado un par de videos sobre los vikingos.

Textos

Os dejo dos textos de época carolíngia, siglo VIII-IX sobre los hombres libres, en el primero se recomienda a éstos que se pongan bajo la protección de un señor, en el segundo se indica la forma de liberarse de la servidumbre.

Los hombres libres en la Europa carolingia

Queremos también que en nuestro reino todo hombre libre se ponga bajo la protección del señor que cada cual quiera elegir entre nosotros y nuestros fieles. Y ordenamos que ningún hombre abandone sin motivo a su señor, ni que nadie lo reciba bajo su protección, si no es con las condiciones que impuso la costumbre de nuestros antepasados. Y deseamos que sepáis que nosotros queremos para nuestros fieles lo justo y que no queremos obrar injustamente contra ellos. Y del mismo modo os aconsejamos a vosotros y a los restantes fieles que mantengáis el derecho de vuestros hombres y no obréis injustamente contra ellos. Y deseamos que los hombres de todos nuestros fieles en cualquier reino que estén vayan con su señor a la guerra o a cualquier otra empresa, a no ser que en este reinos e produjera, Dios nos libre de ello, la invasión que llaman lantwer y sea necesario que vaya todo el pueblo reunido para rechazarla.

[Capitular del año 847, Capitularia II, n.º 204, p. 71]

Si alguno quiere abandonar a su señor, lo podrá hacer, mediando pruebas de alguno de estos crímenes: en primer lugar, si el señor ha querido reducirlo injustamente a servidumbre; en segundo lugar, si ha meditado planes contra su vida; en tercer lugar, si ha cometido adulterio con la mujer de su vasallo; en cuarto lugar, si ha ido contra él, la espada en alto, para matarlo conscientemente; en quinto lugar si, pudiendo asegurar la defensa de su vasallo después que este se ha recomendado en sus manos, no lo ha hecho.

[Capitular de entre 801 y 813, Capitularia, I, n.º 104, p. 215]. Recoge: M. A. LADERO, Historia Universal de la Edad Media, Barcelona, 1987, p. 285.